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Image 40 Años Después

Por: Héctor Urrego C.

Aceptando que una generación ciclística aparece y perdura cada diez años, entonces debemos aceptar, en torno al título mundial que acaba de ganar Edwin Ávila en el Campeonato Mundial de Pista en Holanda, que el ciclismo colombiano se sigue manteniendo vigente y honrando la herencia que en 1971 entregara en el velódromo de Varese (Italia) el inolvidable y autentico campeón colombiano, Martín Emilio “Cochise” Rodríguez en la prueba de los 4.000 metros Persecución Individual.

Desde entonces, y desde antes, el ciclismo colombiano en pista se ha cubierto de gloria, de títulos y medallas en todos los confines. Basta recordar que en 1950, aún sin que en Colombia hubiése velódromos construidos, un equipo colombiano ganó la medalla de oro en los 4000 mts por equipos en los Juegos Centroamericanos de Guatemala. Vale la pena recordar también que en los Juegos Panamericanos de 1967 en Winnipeg (Canadá), la UNICA medalla de oro de toda la delegación colombiana en esos juegos la ganó el mismo Cochise Rodríguez en su prueba favorita, la Persecución Individual.

Ya es muy larga y prolífera la historia de los ciclistas colombianos en las pistas del mundo. Prácticamente es una constante, además de una herencia,  la aparición y el protagonismo de los pedalistas de nuestro país- hombres y mujeres - en las pistas de cemento y madera de los más modestos y sofisticados velódromos del orbe. A la lista de hombres que han ganado medallas y títulos para el país, hay que sumar la de mujeres encabezada por María Luisa Calle, también campeona mundial en 2006 en la prueba del Scratch, a lo que hay que sumar su medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 2004 en Atenas en  la Prueba de Puntos, sin olvidar en la categoría juvenil el oro alcanzado por Marlon Pérez en el Mundial de Ecuador en 1994.

El título alcanzado por Edwin Ávila en el mundial de Holanda en la Prueba por Puntos, no hace sino ratificar esa interminable historia y poner de presente – una vez más – el enorme talento y potencial que existe y ha existido en nuestro país para la práctica de esta modalidad del ciclismo, lo que no ha tenido una respuesta en el campo de la dirigencia del ciclismo a nivel de ligas y federación (salvo contadas excepciones) en cuanto al estímulo y facilidades para la correcta utilización de los ocho velódromos que hay en el país, con un programa de masificación que permita  la enseñanza, el reclutamiento y la orientación de los talentos que seguramente aparecerían si se estableciese un programa adecuado que infortunadamente nunca ha existido.

40 años después de Cochise y 60 después de la inauguración del primer velódromo de Colombia en Bogotá, Edwin Ávila y su título nos sirven para insistir -también hasta el cansancio- en la implementación del programa que en buena hora parece estar en el escritorio del director de Coldeportes  Jairo Clopatofsky y que llegaría en el momento preciso para hacer justicia a una actividad que en el ciclo olímpico se encarga de entregar 16 medallas, lo que debería merecer la máxima importancia  y atención de  nuestros dirigentes.

Si bien es cierto que tenemos una selección de elite privilegiada que es la que nos brinda los títulos, no menos cierto es que la necesaria masificación, búsqueda, detección y orientación de talentos casi nunca ha existido y lo conseguido es la resultante de algunos esfuerzos aislados de pocas ligas, uno que otro entrenador o dirigente, pero no el producto de un programa preestablecido en el mediano y largo plazo.

Ojalá que este momento de efervescencia  que se vive, sirva de una vez por todas para que con la llegada d este nuevo título de Edwin Ávila y su entrenador Julián Velásquez a la vitrina de trofeos de la FCC, podamos también saber que de alguna manera se está pensando en el resto de jóvenes, hombres y mujeres, que también piensan en llegar al sitio de “Cochise”, María Luisa, Marlon y Edwin.


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